Cómo preparar un microciclo eficaz

Cuando un entrenador está empezando a dirigir sesiones, a menudo se pregunta cómo puede preparar una semana de entrenamiento de manera eficaz y que todo vaya de una forma fluida y correcta. El objetivo principal es que el trabajo sea lo más efectivo posible, intentando aprovechar el tiempo disponible al máximo  y sacando el mayor rendimiento a todo lo que se ha planteado.

En este artículo vamos a dar una serie de pautas que sirvan como ejemplo para la organización de del microciclo dentro de la planificación para un equipo cuyo principal objetivo es competir cada fin de semana.

Análisis del equipo propio

El punto de partida del microciclo es el análisis del equipo propio. Nos tenemos que preguntar ¿Qué hicimos bien en el último partido de liga? ¿Y qué podemos mejorar dentro de nuestro modelo de juego?

A partir de ahí, se anotaran los principios del juego que creemos importantes a la hora de seguir implementando y evolucionando nuestro modelo de juego, y qué aspectos tenemos que reforzar y recordar para que el equipo siga manteniendo la línea de trabajo establecida.

Análisis del equipo rival

La siguiente parte a tener en cuenta es nuestro rival. Haber realizado un informe lo más exhaustivo posible y conocer cuáles son sus fortalezas y sus debilidades, tanto a nivel individual, como colectivo, nos revelará cuáles son los principios en los que tenemos que centrarnos para trabajar con respecto al próximo partido. 

Para hacer esto, intentaremos imaginarnos cuáles son nuestras fortalezas más importantes y donde el rival es lo más débil posible, de esta forma conseguiremos ajustar y depurar los principios que nos van a dar más posibilidades y resultados el próximo partido.

Planificar la semana completa (o casi completa)

Con todo esto, comenzaremos a estructurar la semana de entrenamiento, encajando en cada día cuáles son los principios en los que nos vamos a centrar con el equipo. Es importante llegados a este punto, realizarlo conjuntamente con el preparador físico y entrenador de porteros, para enlazar cada principio con la parte condicional del proceso, al igual que todo lo que se trabaje con los porteros vaya en la línea que va a seguir el equipo el día de competición.

Hay entrenadores que prefieren crear toda la semana en el primer día, porque eso los libera de esta parte del trabajo y se pueden centrar en otros temas. Otros prefieren preparar dos o tres sesiones de entrenamiento y analizar cómo están saliendo para en los últimos días ajustar al detalle los últimos conceptos a trabajar.

Independientemente de hacerlo de un modo u otro, el principal objetivo de planificar es evitar a toda costa la improvisación. Es cierto que un entrenador siempre tiene que tener activa la capacidad de improvisación porque suelen surgir imprevistos que hay que solucionar en el día a día, pero esa no debe ser la tendencia a la hora de trabajar, porque seguramente disminuiría la calidad de los entrenamientos.

Planificar las sesiones de entrenamiento

Dentro de las sesiones de entrenamiento, hay que depurar hasta el más mínimo detalle para que todo salga a la perfección. Es el momento en el que se está en contacto con el jugador a nivel individual y con el equipo a nivel colectivo, y todo tiene y debe salir de la mejor manera posible.

¿Qué detalles debemos tener en cuenta a la hora de planificar estas sesiones? Uno de los principales puntos es preparar la sesión desde lo micro, es decir desde situaciones individuales y con menos jugadores para que se repitan los principios que queremos trabajar, hasta terminar con espacios más grandes y con mayor número de jugadores, pero estar siempre enfocados en el mismo objetivo.

Además, si se es capaz de llevar una estructura en los ejercicios que permita preparar el campo de una sola vez y que el equipo vaya pasando de una tarea a otra casi sin perder tiempo, la sesión irá más fluida. Las únicas pausas serán para recuperarse e hidratarse. El objetivo es que se pierda tiempo en colocar el material de las siguientes tareas, sino simplemente ir retirando el sobrante y dejando puesto el de la siguiente tarea para continuar el trabajo. Con respecto al material, comentar que no por poner mayor cantidad de material el entrenamiento va a salir mejor; con poco material también se pueden hacer excelentes entrenamientos.

Es importante también tener organizadas las tareas por puesto y nombre de jugador, es decir, intentar llevar los equipos hechos, sin tener que hacerlo en el campo directamente, de esta forma ahorraremos tiempo entre tareas.

Otro detalle a tener en cuenta es la explicación del ejercicio, este proceso debe estar estructurado de la siguiente forma:

  1. Explicar de forma general en qué consiste el ejercicio, número de jugadores, número de equipos, dimensiones del espacio de juego, etc.
  2. Explicar al jugador cuáles son los objetivos de la tarea, por qué se realiza y qué se pretende conseguir en cada momento del ejercicio ayudará a que todo salga mejor.

Por último, se debe intentar recibir feedback de los jugadores sobre qué les ha parecido la tarea, si han entendido realmente el motivo del ejercicio o si les motiva ese tipo de trabajo. De esta forma, se conocerá cuál es el camino correcto a seguir en las próximas sesiones.

Analizar el entrenamiento

Es importante que, si existe la posibilidad, se graben los entrenamientos y dedicarle un tiempo a revisarlos. La sensación con la que sale el entrenador del entrenamiento y la que se tiene después de realizar un análisis objetivo pueden ser completamente diferente.

Sesiones de vídeo

Además de todo lo explicado en los puntos anteriores, queda estructurar cómo vamos a mostrar las imágenes de vídeo al jugador. Una imagen vale más que mil palabras, por lo que si la información se puede mostrar a través de vídeo, todo se entenderá mucho mejor.

Es muy importante dejar unos minutos para mostrar las cosas que se han realizado bien y las que hay que mejorar en el último partido disputado (análisis del equipo propio), enseñar imágenes del próximo rival (análisis del oponente) y, si además disponemos de las imágenes de los entrenamientos que se han grabado, los vídeos de los ejercicios que interesen para afianzar conceptos, tanto de forma individual o colectiva.

Conclusión

Es necesario que cada entrenador tenga su rutina de planificación bien estructurada. De esta forma, se conseguirá un trabajo depurado y al detalle, preparando al equipo para la competición con muchas garantías de éxito. No obstante, cabe recordar que esto es un juego y que todo no depende de una sola persona y su trabajo, en este caso haciendo referencia al entrenador, sino que rival, campo, meteorología, árbitro, estado de ánimo, dinámica de los equipos, etc. tendrán un papel fundamental en el resultado final.

El desmarque y sus tipos

Debido a la gran igualdad que existe en los partidos de fútbol en la actualidad, propiciado principalmente por el nivel de análisis y planificación que tienen los técnicos a la hora de preparar los encuentros, se antoja fundamental la realización de acciones individuales por parte de los jugadores para desequilibrar el resultado. En este caso, uno de los principios tácticos ofensivos que más se utiliza y mejor resultado pueden dar en los partidos cuando se crean ocasiones son los desmarques.

¿En qué consiste un desmarque?

Se puede definir como la acción que realiza un jugador mientras su equipo está en posesión del balón, con la finalidad de librarse del marcaje del rival o rivales más cercanos a él, obteniendo así ventaja para mantener el balón, progresar o poder finalizar.

En la actualidad existen tres tipos de desmarques definidos que son, el desmarque de apoyo, de ruptura y combinado.

  • En el desmarque de apoyo, los atacantes se liberan del rival, acercándose o alejándose de ellos, ofreciendo soluciones al poseedor del balón con la intención de mantener la posesión del juego.
  • En el desmarque de ruptura, la acción de liberarse del rival se realiza con la intención de progresar hacia portería contraria.
  • Y en los desmarques combinados, se utilizan los dos tipos anteriores en una misma acción, realizando primero uno de apoyo y seguidamente uno de ruptura, o viceversa.

¿Cuáles son los principales objetivos de los diferentes desmarques?

En el desmarque de apoyo se pretende principalmente dar soluciones al poseedor del balón para mantener la posesión del balón, jugando con seguridad, construyendo espacios libres para que lo ocupen otros compañeros además de crear superioridad numérica en la zona activa de juego donde se encuentra el balón.

Los desmarques de ruptura suelen estar más enfocados a ocupar y aprovechar espacios libres con la intención de progresar en ataque y poder jugar con ventaja ante el jugador que lo está marcando en ese momento.

El desmarque combinado es una acción mixta en la que, con varios movimientos continuados de apoyo y ruptura, se intenta evitar el marcaje del rival y obtener ventaja.

¿Cuáles son los puntos que debemos tener en cuenta a la hora de realizar un buen desmarque?

Como hemos visto, siempre que nuestro equipo tiene la posesión del balón, hay tiempo para hacer un desmarque, ya sea estando el rival en bloque bajo, o justo tras la recuperación del balón y con la intención de organizar un contraataque.

Uno de los aspectos más importantes a la hora de realizar un desmarque es hacerlo en el momento justo, dentro del timing correcto, y coordinado con el poseedor del balón.

Otra cosa que hay que tener en cuenta a la hora de hacer un buen desmarque es la velocidad con la que se realiza. Cuanto más rápido sea y antes se llegue al espacio que se quiere ocupar, más tiempo y más espacio se dispondrá para controlar y dar soporte al compañero que tiene el balón.

Seleccionar bien el espacio libre hacia donde dirigirse, ayudará a dar continuidad al juego.

En el siguiente gráfico, podemos ver varios tipos de desmarques que puede realizar un jugador. 

Desmarques de apoyo, de ruptura y combinado

Dentro de los desmarques referenciados anteriormente, existen diferentes micro-conceptos que se pueden incluir dentro del entrenamiento.

  1. Es la acción que se realiza mediante una finta hacia un lado para salir corriendo hacia el otro, aprovechando el desequilibrio corporal del rival para sacar ventaja. Algunos entrenadores lo llaman corto-largo.
  2. Es hacer un movimiento para pedir el balón en largo pero con la intención de recibir en corto. Siguiendo la misma nomenclatura, se puede denominar largo-corto.
  3. La tercera opción consiste en acercarse al rival para luego separarse. Realizando este movimiento conseguimos que el rival se relaje un momento pensando que está marcando al jugador pero sin conocer la intención posterior de separarse para recibir el balón.
  4. La cuarta opción es alejarse de su marca, pero evitando estar en el campo de visión de este para que el rival no tenga opción de ver el balón y a su par en un mismo plano, sino que tenga que girar la cabeza para ello, perdiendo de vista uno de los dos objetivos.
  5. La quinta consiste en alejarse de su marcaje con un movimiento rápido para sacar ventaja y recibir con espacio y tiempo.

Podemos ver estos ejemplos en el siguiente gráfico:

Micro-conceptos

¿Se pueden entrenar los desmarques?

Después de haber realizado un análisis colectivo o individual del rival al que nos vamos a enfrentar, se pueden entrenar de forma que mejore la táctica y técnica individual del equipo con la intención de sacar ventaja en un partido en concreto. Además, puede servir para futuros partidos contra otros rivales o facilitar herramientas personales a los jugadores que puedan utilizarlas de nuevo más adelante. Esto ayudará a crear mejores posicionamientos en ataque con jugadas y movimientos mas eficaces.

El proceso de enseñanza del desmarque

Todo esto se puede entrenar en diferentes fases:

  1. La primera fase sería mostrar un vídeo con los diferentes ejemplos de desmarque a nivel general, llamados de apoyo, ruptura y combinado.
  2. Después se enseñaría otro vídeo, más complejo con las imágenes de esos micro-conceptos para que el jugador asimile la importancia del desmarque y vea cómo realizarlos.
  3. Una tercera fase sería la de entrenar de forma analítica y sin oposición con tareas muy sencillas y repetitivas para que el jugador obtenga el mecanismo.
  4. A continuación, incluir este principio en tareas más jugadas, pero en espacios reducidos con pocos jugadores y poniendo el foco en los aspectos que queremos enseñar. 
  5. Por último, en partidos condicionados, poner reglas de provocación que obliguen al jugador a tener que realizar desmarques para participar en el juego.

¿Existe el desmarque defensivo?

Una vez que hemos visto los desmarques en acciones ofensivas nos podemos hacer esta pregunta: ¿existe el desmarque defensivo?. Hay algunos autores que empiezan a definir el desmarque defensivo como el movimiento que realiza el jugador o los jugadores que no tienen la posesión del balón de forma coordinada hacia la portería contraria, dejando en fuera de juego a los rivales, eliminando la posibilidad de ataque de estos. 

Mientras que los desmarque en ataque pretenden, en líneas generales, mantener la posesión de balón o crear situaciones satisfactorias en zonas de finalización, el objetivo principal del desmarque defensivo es eliminar o dificultar la posibilidad de acciones ofensivas del adversario.

Conclusiones

La conclusión final a la que llegamos después de este artículo es que el desmarque es la base del juego en ataque cuando un jugador no tiene el balón. Hay que realizarlo en el momento justo, precedido de un engaño y a la máxima intensidad posible para generar ese tiempo y ese espacio necesario para sorprender al rival y sacar ventaja.

Cómo atacar si todo el equipo rival defiende en su campo

Existe una tendencia actualmente en la que equipos, a priori inferiores a sus rivales, deciden defender con todos sus jugadores en su propio campo. A esta acción suele llamarse defensa en bloque bajo, reduciendo el espacio de juego a unos 25 metros por 60 metros.

La característica principal que tiene este tipo de defensa es acumular muchos jugadores en la zona activa del juego, realizando rápidas basculaciones y dando la iniciativa al rival en la posesión del balón. Una vez recuperan el balón, suelen jugar directo y en transición ofensiva para aprovechar los espacios libres que el equipo contrario deja a su espalda, lanzando en largo. Además, el equipo atacante tiene pocos espacios cerca del área rival lo que supone una carga psicológica para los jugadores que pierden la paciencia, ya que no encuentran sitio donde poder contrarrestar al oponente.

Los sistemas más comunes a la hora de proponer una defensa en bloque bajo son el 1-4-4-2, 1-4-4-1-1 y 1-5-3-2.

Combinar un buen bloque defensivo con contraataques rápidos y coordinados puede ser también una buena táctica ofensiva, pero es necesario un gran esfuerzo físico y mental por parte del equipo que la realiza, además de horas y horas de trabajo para hacer que todos los jugadores trabajen de forma sincronizada.

¿Cómo podemos penetrar en un bloque bajo defensivo?

Estas son algunas recomendaciones para poder romper un bloque bajo:

  • Calma y tranquilidad para encontrar el momento oportuno de atacar y llegar al área rival, utilizando posesiones largas que irán cansando al rival y provocando que cometan errores.
  • Dar amplitud al equipo, colocando a los extremos y laterales sobre la línea de banda, pero a diferentes alturas, evitando así que un solo jugador colocado en ese carril pueda marcar a ambos. De esta forma, haremos el campo lo más grande posible, obligando al rival a cubrir más espacios.
  • Circular el balón de forma fluida para crear problemas al rival en las basculaciones, dando pocos toques al balón por parte de cada jugador y siendo preciso en los pases y orientados hacia la pierna dominante de nuestro compañero y si puede ser la alejada del rival mucho mejor. Así irán apareciendo espacios por dentro que podrán ser aprovechados.
  • La forma más rápida de llevar el balón de un carril a otro es con un cambio de orientación directo. Este desplazamiento de balón permitirá crear situaciones de 1×1 que dificultan al jugador defensor, en tanto en cuanto este irá en movimiento basculando hacia el otro lado mientras que el atacante ya irá a encararlo.
  • Conquistar las esquinas llegando por fuera y realizando centros laterales al área de forma tensa que ayuden al rematador, respetando siempre las posiciones de llegada que suelen ser primer palo, segundo palo y punto de penal.
  • Dar pases entre líneas hasta llegar a un jugador que se encuentre en el borde del área y  tenga buena capacidad de tiro de media distancia, preparando rápido la pierna y ajustándolo entre los tres palos de la portería para que se pueda generar un rechace del portero.
  • Gran movilidad de todos los jugadores, dando líneas de pase y realizando desmarques de apoyo y ruptura, siempre con sentido, recibiendo el balón o en caso contrario creando espacios libres que pueda ocupar otro compañero.
  • Utilización de jugadores alejados que jueguen de cara para que reciba el jugador deseado. Este concepto se llama tercer hombre y es muy utilizado en la actualidad.
  • Realizar conducciones, fijando adversarios y atrayendo a estos hacia zonas deseadas que liberen espacios en lugares a los que se quiere llegar.
  • Si existe una pérdida de balón, realizar una buena presión conjunta y coordinada tras pérdida, que permita tener de nuevo la posesión del balón de la manera más rápida posible. De esta forma, se podrá encontrar al rival desordenado, lo que dará más opciones de hacer gol.
  • Utilizar paredes para superar a rivales mediante la velocidad en el juego y el desequilibrio.
  • Entradas de segunda línea por parte de jugadores de la linea de medios. Es normal que los defensores estén atentos a delanteros por su proximidad a ellos, pero si alguno entra desde una segunda línea, hay muchas posibilidades de sorprenderlos.
  • Dar opciones a jugadores con talento y calidad individual a que se atrevan a realizar jugadas desequilibrantes inesperadas para los rivales.
  • Incluir en la alineación jugadores referencia para un envío directo al área o rematar esos centros laterales que comentábamos anteriormente.
  • Intentar provocar faltas al borde del área, aprovechándo esto con un buen lanzador dentro de la alineación inicial.
  • Evitar en todo momento caer en fuera de juego porque provocaría una interrupción en el juego con la consiguiente pérdida de tiempo y ruptura del ritmo rápido de juego.
  • Crear superioridad numérica en los carriles exteriores en forma de triángulo para progresar, utilizando los laterales para ello. En los últimos tiempos, esta posición se ha convertido en parte más del ataque que de la defensa, necesitando tener unas características como buen pasador, centrado y ocupando espacios por dentro para generar otro tipo de superioridades.
  • Por último, ser efectivos en las acciones a balón parado que se puedan tener, ya que desequilibrar el marcador con un gol, puede hacer que el equipo rival tenga que cambiar su estrategia de partido para intentar igualarlo, abriéndose y dejando espacios.

No obstante, hay que tener en cuenta que ellos estarán esperando para recuperar y salir al contraataque rápidamente. Para ello, debemos tener superioridad numérica en la línea defensiva, es decir, si juegan con dos delanteros, se debe dejar tres hombres en marcaje y vigilancia.

En caso de que uno de los centrales subiera conduciendo para fijar a un contrario, el lateral del lado opuesto tendrá que bajar un poco en busca de ese equilibrio defensivo que dé seguridad. De esta forma, será difícil que reciban de forma ventajosa y puedan progresar y generar peligro.

Estar atento a la anticipación y la interceptación también será necesario para evitar el gol adversario. Igualmente, también es necesario que el portero se encuentre realizando cobertura a la línea defensiva y rápidamente al encuentro con el balón en caso de que fuese necesario.

La defensa de los centros laterales

Una de las situaciones más difíciles de defender a día de hoy son los centros laterales. El motivo es bien sencillo: hay que tener controlados diferentes frentes, como son el balón, el rival y nuestra portería, además de otros. Esto hace que la visión del jugador no pueda observarlo todo a la misma vez. Por eso, es necesario tener una estructura y una organización para defenderla de forma efectiva y eficaz.

Para empezar, se debe entender que existen dos situaciones a tener en cuenta. La primera es la zona de banda desde donde se va a realizar el centro, en la que tendremos que estar atentos a tapar el centro y a no ser desbordado, por si el poseedor del balón prefiera realizar un 1×1. 

La segunda zona a controlar es la del área donde se va a recibir el envío del balón, y en la que deberemos prestar atención a que no se produzcan remates por parte de los adversarios y, sobre todo, controlar un posible rechace o segunda jugada.

Este tipo de defensa requiere una excelente coordinación y comunicación entre los jugadores, además de altas dosis de concentración. Sin nada de esto, el resultado no será del todo correcto. 

Al igual que por ejemplo los saques de esquina, debemos decidir de que forma lo vamos a defender, se puede hacer en zona o marcaje al hombre.

Marcaje al hombre en centro lateral

Cuando nos encontramos ante un centro lateral y queremos defenderlo mediante el marcaje al hombre, lo haremos referenciando cada atacante con el defensor más cercano, siguiéndolo por todo el área de forma visual y mediante contacto físico, intentando interponerse en la trayectoria de su carrera para que esta no la haga de forma limpia, además de tocar de forma reglamentaria al jugador con nuestra mano o brazo para evitar un salto cómodo y por consiguiente un remate fácil.

Otro detalle a los que algunos entrenadores hacen referencia a la hora del marcaje es un pequeño choque con el rival justo antes de que se realice el centro, lo que lo desestabilizará en su salto hacia el remate. Hay que tener cuidado con la intensidad de este choque porque dentro del área podría acarrearnos que el árbitro señale un penal en contra.

Con este tipo de defensa, no se necesita una organización defensiva estricta, por lo que su ejecución es sencilla y los rivales sienten la presión del defensor de una forma muy cercana.

Que el atacante disponga de unas buenas características físicas, por ejemplo gran altura o ser un jugador corpulento, dificultaría esta acción defensiva.

La forma en la que los adversarios pueden contrarrestarla es mediante desmarques de ruptura constantes, inclusive con cruces en las carreras entre compañeros, lo que dificultará aun más los marcajes realizados por los defensores.

Defensa en zona en centro lateral

Si seleccionamos la defensa en zona, se establecerán los lugares dentro del área y la estructura que van a tomar para defender, que puede ser con 3-1 o 3-2. Esto quiere decir que se colocaran tres jugadores en el borde del área de meta, los dos centrales y el lateral opuesto a la zona de centro, ya el lateral cercano habrá acudido a tapar el centro, a la altura de primer palo, centro del área y segundo palo, con una segunda línea defensiva que puede estar compuesta por uno o dos jugadores, que normalmente son los mediocentros. 

La principal característica es que se tienen las zonas de mayor probabilidad de remate ocupadas por jugadores, además de que, en parte, no se depende de los movimientos que realicen los adversarios.

¿Cómo pueden contrarrestar los rivales esta forma de defender? Realizando desmarques a los intervalos que se producen entre los defensores, además de la velocidad que le impriman al desmarque para rematar, ya que encontrará a los defensores estáticos en su posición.

Zonas a defender en los centros laterales

Existen cuatro zonas fundamentales a la hora de defender el área y son:

  • Primer palo
  • Centro del área de meta
  • Segundo palo
  • Punto de penal

La zona del primer palo es, posiblemente, la más peligrosa, ya que suele ser zona de influencia de los delanteros que acuden ahí con desmarques de ruptura a máxima velocidad para rematar o prolongar y que algún compañero suyo llegue a una posible segunda jugada.

La zona del centro del área de meta, es bastante peligrosa por su cercanía a la portería, si el rival remata ahí, tendrá una alta probabilidad de acierto.

En la zona de segundo palo siempre suele haber menos densidad de jugadores defensores, ya que priorizaran sobre las dos zonas anteriormente mencionadas.

Tanto si elegimos la opción de marcaje al hombre o la de zona, es importante que los jugadores se perfilen de forma correcta para poder visualizar la mayoría de los elementos que conforman el juego, como son el adversario y el balón. Es imposible que podamos tener en el mismo campo de visión nuestra portería, pero es necesario tenerla controlada mediante movimientos de cabeza cortos y rápidos, realizando una breve vigilancia de ella y del posicionamiento del portero.

Otro aspecto importante a definir en este caso es la altura máxima hasta la que se van a colocar los defensores. A partir de ese punto, la responsabilidad será del portero. Esto se puede establecer mediante la línea imaginaria del balón paralela a la línea de fondo y dando la responsabilidad al portero después de esa línea.

El portero en los centros laterales

El portero es un elemento fundamental en la defensa de los centros laterales. Por eso, se deben dar las siguientes instrucciones:

  • Ser el primero en dar instrucciones a sus defensores, conociendo al milímetro la forma de defender los centros laterales del equipo dentro de su modelo de juego y avisar de la situación de los contrarios, corrigiendo a sus compañeros en caso de que sea necesario.
  • Es una situación en la que posiblemente necesite arriesgar en la salida para blocar o despejar el balón.
  • Debe reconocer las características del centrador para tomar decisiones trascendentes. Por ejemplo: si este juega a pierna cambiada, lo más seguro es que el centro vaya cerrado, por lo que tendrá que dar un paso atrás y estar más cerca de su portería. En caso de que el centrador juegue a pierna natural, podrá alejarse un poco de su portería y dar algún paso hacia adelante para tomar ventaja en esa posible salida.

Despeje

Una vez se haya producido el centro lateral y salgamos victoriosos de la situación, es de vital importancia realizar un buen despeje, ya sea con el pie o con lo cabeza, enviando el balón lo más lejos posible de nuestra portería, evitando que salga por la línea de fondo provocando un saque de esquina en contra y, si es posible, evitando que el balón caiga en el carril central, para no dar posibilidad de que el oponente realice un tiro a portería.

Estos son algunos de los puntos a tener en cuenta a la hora de defender un centro lateral, ya sea raso o por alto. La decisión queda en manos del cuerpo técnico y de su forma de estructurar su modelo de juego, que tendrá que tener en cuenta las características de sus jugadores para llegar a la forma correcta.

Presión tras perder la posesión

En la actualidad, muchos equipos fijan su principal objetivo en tener un alto porcentaje de tiempo el balón en su poder, para de esta forma ser protagonistas en el partido y llevar el control del mismo el mayor tiempo posible.

Es evidente que en algunos momentos, debido a errores forzados o no forzados, pierden esa posesión y tienen que intentar recuperarla lo antes posible para seguir atacando mediante una acción conjunta y coordinada de todos los jugadores del equipo y de la forma más rápida posible.

Esta acción llamada presión tras pérdida necesita tener en cuenta ciertos comportamientos de nuestro equipo y diversas circunstancias para saber si se puede hacer de forma efectiva o no.

Lo primero que debemos tener en cuenta es el estilo de juego que tenemos, porque no es lo mismo si nuestro modelo de ataque es directo y vertical o un estilo más combinativo. En este último caso, estar más juntos nos permitirá acudir a recuperar la posesión de una forma más sencilla que si nuestro equipo se encuentra en amplitud, con gran distancia entre jugadores.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la zona del campo donde se ha perdido esa posesión, no es lo mismo hacerlo en campo del rival que hacerlo en campo propio, esto generará prioridades en la presión. Si perdemos el balón en nuestro campo, lo más lógico sería reorganizarse defensivamente lo antes posible para evitar encajar un gol y después ir a presionar. 

El posicionamiento defensivo con el que actuamos normalmente en un partido, ya sea en bloque alto, medio o bajo nos condicionará también para hacer una buena presión tras pérdida o no. El ejemplo más claro es si nuestro equipo suele defender en bloque bajo y salimos en contraataque para intentar hacer gol, si se produce una pérdida en ese momento, nos encontraremos con pocos jugadores cerca de balón y eso no nos permitirá realizarla correctamente, con el consiguiente peligro y desestructuración del equipo.

¿Cuáles son las pautas a seguir tras una pérdida de balón?

Lo primero que tenemos que hacer con el jugador, sea en el momento de la pérdida o en cualquier otro momento del juego es enseñarlo a pensar. De este modo, el jugador podrá percatarse y anticiparse a la pérdida del balón. Lo segundo es ubicarse, y pensar a cuál de las distancias del poseedor del balón se encuentra. ¿Es el más cercano a ese jugador? La regla número uno para realizar una buena presión tras pérdida es saber que el poseedor del balón siempre tiene que estar presionado y que no puede progresar con libertad. Por lo tanto, el jugador más cercano a él tiene que acudir de forma inmediata a presionar y a intentar cerrar líneas de pase, anulando así a posibles receptores.

Si el jugador en cuestión al que estamos analizando está en situación intermedia, es decir, no es el más cercano pero tampoco el más alejado, debe de referenciar a alguno de sus rivales cercanos al poseedor mediante un marcaje para evitar que se convierta en receptor o en caso de que reciba un pase, lo haga en las peores condiciones posibles y con la dificultad máxima para darle continuidad al juego.

Si este jugador se encuentra alejado a la zona de la pérdida, este deberá replegar y bascular, corriendo de forma diagonal hacia su portería realizando cobertura a sus compañeros.

Con todas estas acciones, lo que se pretende es que los rivales no saquen el balón rápidamente de la zona activa de juego, que se encuentra muy poblada por nuestros jugadores y, como consecuencia, tendrán más posibilidades de volver a recuperar la posesión si todo se lleva a cabo con normalidad.

Otra de las cosas a tener en cuenta a la hora de estructurar y trabajar la presión tras pérdida, es detectar si el rival que ha recuperado el balón y que se encuentra en disposición de jugarlo, está orientado hacia nuestro campo con posibilidad de hacer un envío en largo o no. Si detectáramos que este jugador pretende buscar los espacios que se encuentran a la espalda de nuestra línea defensiva, ésta debería replegar y evitar que el balón llegue a algún rival que se encuentre con posibilidad de ocupar ese espacio libre y plantarse delante del portero en un 1×1. Este puede ser uno de los principales riesgos cuando se intenta recuperar la posesión del balón de este modo. 

Otro riesgo importante también es si el poseedor de balón logra conectar con algún compañero alejado y este tiene posibilidad de progresar y avanzar hacia nuestra portería, de esta forma habrían sobrepasado nuestra presión y no tendríamos otra opción que replegar por detrás de balón para intentar volver a recuperarla.

Una vez hemos vuelto a recuperar la posesión, existe un momento en el que nuestro equipo tendrá que decidir qué hacer. Por un lado, se puede elegir comenzar con un ataque organizado, circulando de forma correcta hasta encontrar carriles de progresión o realizar una transición ofensiva directa, aprovechando la disposición de los rivales de forma desorganizada.

Para conseguir que nuestro equipo desarrolle bien este método de presión tan ambicioso y vistoso, necesitaremos de jugadores capaces de sacrificarse y comprometerse con el compañero, además de estar totalmente convencidos de que esta conducta les va a llevar a tener durante más tiempo la posesión del balón en el partido.

¿Cómo trabajamos la presión tras pérdida?

Hay que analizar la situación y tomar la decisión correcta sobre presionar o no la pérdida y si con esa pérdida tendría éxito una presión de inmediato. No seleccionar de forma correcta, implicaría comprometer a todo el equipo y llevarlo hacia una situación desagradable, seguramente con una ocasión de gol en contra.

Para trabajar la presión tras pérdida es necesario crear tareas en las que se reproduzcan los escenarios que pueden suceder en un partido y en las zonas del campo en las que queremos que nuestros jugadores vayan a presionar tras la pérdida. Esto pondrá al jugador en situación real y le ayudará a comprender cuándo, dónde y cómo tiene que hacerlo.

En estas tareas, colocar a los jugadores en las posiciones reales que van a ocupar en el partido es lo recomendable. Ayudará a un mejor entendimiento de la situación, con una mejor toma de decisiones en cada momento y facilitando la comprensión de las diferentes situaciones posteriormente durante el partido.

Se ha de intentar que el trabajo de recuperar tras pérdida, no sea solo en los ejercicios en los que el objetivo principal sea este, sino que en cada tarea ha de plasmarse ese hábito para que el jugador la ejecute casi de manera inconsciente. Para ello, es necesario un gran nivel de concentración y de interpretación del juego.

Como conclusión, podemos indicar que tener un equipo con esta situación de juego bien trabajada, dará la imagen de un equipo comprometido y seguro defensivamente, que además podrá tener en su poder bastante tiempo el balón a disposición de ser jugado, con el consecuente incremento de ocasiones o llegadas a portería rival.

El valor de la circulación de balón

La circulación de balón no debe ser observada simplemente como una sucesión de pases sin sentido que no llevan a ningún lado, sino la forma que tiene el equipo para obtener ventaja de tiempo y espacio que nos permita progresar, desectructurar al equipo rival y así poder dar una continuidad fiable y segura al juego de ataque.

Partiendo de que el balón es el eje de todo, y si observamos que el medio técnico-táctico más utilizado es el pase, podemos llegar a la conclusión de que la relación entre jugadores es el inicio para crear cualquier interacción en el equipo.

Pero no debemos cometer el error de limitar la circulación de balón solo al pase. Entendemos que, dentro de una realizada correctamente, se presentan otro tipo de medios como la conducción, fijar al rival, las fintas, los movimientos de los compañeros en función de lo que queramos y de la actuación de los adversarios.

¿Cuáles son las claves para una buena circulación?

Como se ha comentado antes, el objetivo principal de la circulación de balón es buscar los desequilibrios en el equipo rival para sacar cualquier tipo de ventaja, creando una serie de enlaces entre jugadores como si se trataran de conexiones neuronales de nuestros cerebro. En este caso, podemos definir dos partes bien diferenciadas: el poseedor del balón y sus compañeros. 

Por un lado, el poseedor del balón debe tener una buena visión periférica y debería anticiparse a lo que puede pasar si toma una u otra decisión, centrándose en reconocer las estructuras creadas por los compañeros e intentar ser un peligro con posibles progresiones. Debe realizar movimientos una vez que ha dejado de ser poseedor y pasa a ser apoyo, en posición cercana, intermedia o alejada, saber interpretar el juego de una forma rápida para colocarse en la mejor posición si fuese necesario, tener una nueva interacción con sus compañeros o pasar a ser de nuevo poseedor.

No menos importante, es saber controlar todos los medios técnico-tácticos necesarios para participar, como el pase, que debe ser tenso y dirigido al pie dominante del compañero.

Ir alternando entre pases cercanos y desplazamientos más largos, generando inquietud en los rivales que no saben de qué modo se va a actuar, obteniendo ventajas decisionales.

Reconocer hacia donde debe continuar la circulación, si hacia lado contrario de donde viene o devolverlo a donde ha venido, para no ir a favor de los movimientos defensivos y del ritmo del contrario en las basculaciones con el fin de evitar pases interiores o a los carriles exteriores.

Ser inteligentes en la conservación de balón conseguirá desplazamientos de jugadores rivales hacia diferentes zonas con la idea de liberar espacios en otras zonas, normalmente opuestas, que crearan ventajas muy aprovechables por el equipo atacante.

Otra decisión importante que debe saber tomar el poseedor es saber con quien debe conectar, si con el siguiente compañero más cercano o saltárselo para conseguir más tiempo y un espacio todavía mas beneficioso.

Lo más habitual es no intercambiar pases en ciertos lugares y/o retener el balón por parte de algunos jugadores, ya que estos conseguirían atraer rivales a ciertas zonas imposibilitando la progresión. Pero ¿interesante hacerlo en ciertos momentos? Al atraer jugadores, se liberan espacios en otras zonas como comentábamos anteriormente. Esto queda a expensas de la situación del juego y la decisión de los jugadores.

Por otro lado, los compañeros del poseedor deben mantener apoyos constantes en varias direcciones, permaneciendo estáticos si la situación es favorable (como fijadores) o moviéndose para ocupar un espacio libre y con ventaja. Utilizar medios tácticos como desmarques de apoyo y ruptura que ayudaran a ofrecer soluciones constantes y poder conservar el balón. Controlar en todo momento la orientación corporal adecuada a cada situación para gana tiempo a la hora de que le llegue el balón.

Por tanto, planteamos la siguiente reflexión: al compañero no solo hay que darle el balón si eres poseedor, o no solo hay que darle soluciones si no eres poseedor. Al compañero hay que darle espacio y tiempo.

Con esto queremos decir que el pase no es simplemente una transmisión del balón de un compañero a otro, sino que depende de las condiciones en las que se entreguen o los movimientos que puedas hacer, se estará entregando juego. 

El entrenamiento 

Llevemos a la práctica algunas de los aspectos comentados anteriormente, intentando explicarle al jugador los diferentes puntos hablados para que entienda el sentido del pase dentro de la circulación. Para ello, nos apoyaremos en las situaciones simuladoras preferenciales, que son aquellos ejercicios basados en simular al propio juego y que hacen hincapié en las estructuras de forma preferente.

Habrá que preparar tareas con objetivos relacionados con la circulación, como, por ejemplo, situaciones en las que se respeten las distancias entre los jugadores, una vez recuperada la posesión sacar el balón de la zona activa de juego para evitar la pérdida (pase de seguridad), establecer suficientes líneas de pase y que exista movilidad desde una perspectiva cualitativa. No se trata de moverse mucho, se trata de moverse al espacio correcto.

Es evidente que cada jugador debe actuar desde su posición específica. Recuerda que cuanto más tiempo esté el jugador en su sitio, antes va a reconocer cómo debe comportarse en su zona.

Prestar atención a la invasión de espacio de otro compañero, mostrándole al jugador los espacios de los receptores cercanos para evitar molestarse entre ellos.

Finalmente, la intención es conseguir contextos similares a los que se van a producir en un partido, de esta forma el jugador se familiariza con la situación a resolver en el juego, acertando en la toma de decisiones cada vez que más se entrena.

Tampoco se puede obviar la importancia de los porteros en la circulación de balón. Es fundamental para aquellos equipos que quieren dominar el balón en todo momento, y que usan su situación para darle continuidad o empezar con un reinicio, construyendo ventajas para su equipo.

Como conclusión final, entender que el fútbol es un deporte no lineal, y que todo depende de miles de situaciones que se generan en un segundo. Para ello se debe enseñar al jugador a interpretar las conductas flexibles que se producen en el partido con respecto a sus rivales e incluso a sus compañeros, que en este caso son muy importantes para el transcurso de una buena circulación.

El entrenamiento específico en fútbol

Si examinamos una plantilla de un equipo de fútbol al detalle, se puede observar que existe una serie de posiciones bien definidas, desde el portero hasta el delantero, cada uno de ellos deben tener una serie de características específicas acordes a la situación que ocupan en el terreno de juego. 

Si nos centramos en el portero, un puesto bastante particular dentro del juego porque el reglamento le permite utilizar partes el cuerpo que a otros jugadores no, como son las propias manos, todo el mundo entiende y tiene asumido a día de hoy que necesita un entrenamiento específico para esa posición pero, ¿y las demás posiciones? ¿a caso no necesitan una especificidad adecuada a su puesto?¿necesita un lateral realizar los mismos movimientos o los mismos esfuerzos que un delantero por ejemplo? Es evidente que no, por eso es necesario desarrollar el entrenamiento específico por posiciones, dandole forma y sentido, dentro de unas pautas a seguir para un buen desarrollo.

En este artículo, se pretende estructurar un modelo de entrenamiento centrado en la mejora del jugador a nivel individual, con una serie de pautas a seguir para preparar al jugador en las exigencias especificas, adecuadas al partido desde su perspectiva posicional.

En primer lugar hay que examinar el modelo de juego y las demandas físicas y técnico-tácticas que tiene este. 

Mediante GPS se puede realizar una evaluación exhaustiva de la carga física y condicional a la que está expuesto cada jugador en cada posición.

A continuación se preparan ejercicios que simulen lo que puede pasar en un partido. Este trabajo está dividido en tareas de técnica individual, ruedas de pase, juegos reducidos y juegos de posición. 

Los ejercicios de técnica individual se refieren a aquellas tareas que potencian el dominio del balón o del juego para acciones específicas que se van a producir durante el partido. Suelen ser de forma analítica y repetitiva para que se reproduzca muchas veces la acción en un corto espacio de tiempo.

Las ruedas de pase se utilizan al principio de las sesiones y se busca la repetición de una acción de juego, insertando a cada jugador en su posición en el campo.

Los juegos reducidos como su propio nombre indica, son tareas con espacios y numero de jugadores menores al normal y que pretende conseguir la participación de los jugadores en unos esfuerzos mas intensos.

Por último, los juegos de posición establecen situaciones similares a las que se producen en un partido alineadas con el modelo y estilo de juego, forzando al jugador a pasar por circunstancias que deben resolver en espacios más estrechos con reglas y números de jugadores que condicionan el objetivo del entrenamiento.

¿Cómo llevarlo a cabo?

Dentro de un club, se podría llevar a cabo este entrenamiento reuniendo a jugadores del mismo puesto y edad parecida en la que no exista mucha diferencia y realizando sesiones individualizadas de una única posición, por ejemplo si queremos mejorar el juego de nuestros mediocentros pues preparar sesiones enfocadas a este puesto.

Para ello es necesario definir los medios técnico-tácticos específicos de ese puesto y cuales se pueden reproducir más en un partido a partir de nuestro estilo de juego, estableciendo una serie de conceptos por sesión. No tienen que ser muchos, con un par de ellos está correcto, pero que los entrenadores puedan poner el foco en estos y los jugadores aprendan de manera efectiva.

Otro paso más que se puede dar en el trabajo específico en fútbol es unificar dos puestos que se van a relacionar bastante durante un partido, es decir, si queremos trabajar algo específico entre centrales y laterales, se pueden crear tareas que se produzcan relaciones entre ellos para que después se reproduzcan en partido.

Al ser menos jugadores que en una sesión con todo el equipo, los entrenadores pueden dedicarle mucho más tiempo y atención a la corrección y a explicar y solucionar las dudas que les puedan surgir. Realizando un símil con la educación general, se puede definir que este tipo de entrenamientos son como unas clases particulares para el alumno, donde la personalización y la preparación de la materia son individuales y recoge las necesidades del estudiante.

A veces los entrenadores damos por hecho que los jugadores tienen una base de conocimiento del juego y de conceptos, pero a medida que vamos entrenando con ellos nos damos cuenta en las carencias a nivel individual que tienen, y es ahí donde el entrenador debe tener el instinto de actuar y preparar esas sesiones individuales. 

También, aunque el jugador conozca los conceptos de la sesión, no está nunca de más, recordarlos y trabajarlos para afianzarlos y que no se les olviden, o incluso que puedan ser más utilizados en el siguiente partido por las características del rival al que se van a enfrentar en su parcela de campo.

¿Cómo estructurar la sesión?

En primer lugar se debe comenzar con la explicación de los conceptos en cuestión en los que se va a profundizar en la sesión, dando a conocer que es, porque se trabaja y cuales son los principios a tener en cuenta cuando se están realizando.

Esto se debería complementar con una sesión de vídeo de unos 15-20 minutos, en la que se incluirán cortes de vídeos explicativos donde los jugadores puedan ver jugadas de fútbol profesional, en los que aparecen y se solucionan este tipo de conceptos.

Esto puede estar apoyado por animaciones de las tareas que se van a realizar en el campo para que aún quede mucho más claro el objetivo.

Pongamos un ejemplo a continuación.

Supongamos que queremos mejorar el trabajo de nuestros mediocentros.

Dentro de la mayoría de los sistemas de juego, siempre existen mínimo dos jugadores que realizan las funciones de mediocentros, uno de ellos suele ocuparse de los aspectos más defensivos y otros de los ofensivos, pero en general deben participar en estas dos fases y complementarse a la perfección para que el trabajo del equipo sea efectivo.

A continuación detallaremos algunas de las características fundamentales a las que tiene que atender un mediocentro:

Atendiendo a los mapas de calor que nos facilitan las plataformas tecnológicas actuales, podemos observar que los mediocentros suelen actuar en la zona de creación o zona 2 como algunos entrenadores suelen llamarla, es por ello que debemos preparar las sesiones de entrenamiento en esas partes del campo, para hacer que los jugadores se sientan como en un partido.

Con respecto a los objetivos técnico y tácticos, podremos atender a la orientación corporal a la hora de recibir, control orientado intentando siempre con la pierna más alejada al defensor, movilidad hacia espacios libres de rivales, velocidad en el juego, conducciones cortas y eficaces, dominio de pases cortos, medios y largos, buena coordinación, apoyos constantes y dar buenas líneas de pase, dominar las dos piernas y todas las superficies de contacto.

Con todo esto podemos organizar esta sesión de entrenamiento para la mejora de los mediocentros de nuestro equipo:

Tarea 1  

Rueda de pase – Cuadrado de posesión pase corto pase largo

Se posicionan los jugadores tal y como se ve en el gráfico. Se comienza la tarea con dos balones, uno en la posición del jugador 1 y otra en la del jugador 10. La secuencia tal y como se ve en la figura consiste en realizar pases hacia los jugadores de dentro del cuadrado que son los que actúan de mediocentros y mediante pases largos y cortos jugando a 1 solo toque necesitaran realizar una orientación corporal adecuada desde donde les llega el balón. Después se cambiará la circulación del balón para hacerlo por el otro lado.

Tarea 2

Posesión de balón 1×1+3+3 para trabajo de mediocentros

Se juega un 1×1+3+3 en un espacio hexagonal. Se comienza con un 1×1 en el centro del espacio, el poseedor del balón intenta combinar con los jugadores de su equipo que se encuentran en los lados del hexágono y que no se puedan pasar mas el balón entre ellos, siempre tienen que conectar con el jugador de dentro. Los comodines se pueden mover por el lado del hexágono que están ocupando pero no salirse de él. 

Tarea 3

Posesión de balón 1×1+4+4 para trabajo de mediocentros

Se juega un 1×1+4+4 en dos cuadrados concéntricos. Hay que mantener la posesión del balón sin que se puedan dar más de dos pases seguidos los jugadores de fuera del cuadrado central. Los jugadores que ocupan el cuadrado central no pueden salir de él y los de fuera no pueden entrar en el cuadrado interior. Gana el equipo que más toques consigan dar al final de la tarea. 

El sistema equilibrado del 1-4-2-3-1

Encontrar un sistema adecuado para los jugadores que conforman la plantilla de tu equipo no es una tarea fácil. Esto depende de infinidad de variables que se tienen que tener en cuenta para estar acertado en esta ardua tarea.

Además, si tratamos los sistemas como el posicionamiento inicial en el momento que el balón se encuentra detenido y una vez se ha puesto en marcha, todo se modifica. Podemos indicar que los sistemas casi que no existen, tan solo durante breves espacios de tiempo y que después, todo se convierte en un caos organizado.

Pero si tenemos que tener un orden y un punto de inicio para, a partir de ahí, lograr una desorganización efectiva en todas las fases del juego, tanto si nos encontramos con el balón, como cuando no lo tenemos, tenemos que apoyarnos en los sistemas.

Es cierto que todo lo que ocurre en el fútbol viene avalado por los resultados, mayormente en el apartado profesional y con menos importancia cuando nos encontramos en una fase de formación, o así debería ser normalmente.

Cuando los entrenadores seleccionan que sistema van a utilizar, lo hacen a partir de que tal o cual equipo ha cosechado una serie de éxitos, utilizando tal o cual sistema y esto, en la mayoría de los casos no ayuda en casi nada.

En este artículo vamos a intentar desgranar el sistema 1-4-2-3-1 y cuales son sus características principales necesarias para una buena implantación en un equipo.

Líneas de las que se componen el sistema 1-4-2-3-1

Se puede definir que el sistema 1-4-2-3-1 está estructurado en dos grandes bloques, un primer bloque que está enfocado en los aspectos defensivos como son el portero, la línea de 4 defensas y un mediocentro, y otro encargado de la creación de juego y la finalización con un mediocentro, 3 mediapuntas y un delantero. No se intenta dar a entender que el equipo se encuentre dividido en dos partes diferenciadas e independientes, pero si que el peso de cada una de las fases recae más en estas dos líneas.

El juego en conjunto y el trabajo en equipo es prioritario en el fútbol y con cualquier sistema, pero en este tiene un rasgo marcado que es el equilibrio. Tanto si se tiene el balón, como si no, el equilibrio entre líneas y el equilibro entre la propia línea, es reconocido y aceptado por cada uno de los jugadores.

Cuando se tiene el balón, los constantes apoyos que aparecen y las posibles líneas de pase en forma de triángulos y rombos, hacen que sea viable una posesión, siempre que se lleven los movimientos coordinados de forma correcta.

Y cuando no se tiene el balón, la presión apoyada por jugadores cercanos al balón y las ayudas que se reciben tanto de las líneas adelantadas como de las atrasadas achicando espacio, resulta bastante efectiva.

Con respecto a las transiciones, este sistema ayuda a realizarlo perfectamente en las dos direcciones, siempre y cuando se cumplan los principios establecidos en estas dos fases del juego, como un buen repliegue por detrás de la zona de balón en la defensiva y un despliegue rápido ocupando los tres carriles del campo (central, izquierdo y derecho) de forma racional y sincronizada en la ofensiva.

Características y funciones de los jugadores

Empezando por el delantero, este debe crear espacios mediante desmarques de ruptura a los carriles laterales para que sean aprovechados por los jugadores que se incorporan de 2º línea. Tampoco debe dejar de lado los desmarques de apoyo con la línea que se encuentra detrás de él para asociarse en el último tercio del campo y conseguir situaciones de finalización.

Esta línea tiene que ser desequilibrante en todos los sentidos, con jugadores rápidos trabajando en amplitud y con capacidad para meterse por dentro y asociarse en corto, aprovechando los espacios que cree el delantero para llegar a zona de remate con desplazamientos diagonales y desde el carril opuesto a la zona activa de balón.

Los mediocentros deben tener un corte bien diferenciado. Por un lado estará el que ayude más en el apartado defensivo de una manera más posicional, colocándose por delante la de línea de 4 defensores y con características de iniciar el juego. Y el otro mediocentro debe enlazar la línea defensiva con el grupo de atacantes, saber establecer los tiempos, ocupar bien los espacios libres para progresar y dar una circulación fluida al balón desde un carril hacia el otro.

La línea de 4 defensas debe iniciar el juego de forma combinada, aportando al juego de ataque y teniendo los mecanismos para progresar, tanto por los carriles exteriores con los laterales, como por el carril central con mediocentros. Los laterales deben dar amplitud al juego y participar en inicio y creación de juego. En defensa tendrán que decidir que momento pueden incorporarse al ataque y en que momento deben quedarse para equilibrar.

Por último, el portero debe tener una posición adelantada para recepcionar posibles envíos en largo a la espalda de la línea de 4 defensores. Debe comunicar y organizar a sus compañeros.

Tendrá buen manejo del balón con el pie para participar en el inicio del juego y debe controlar las acciones de transición ofensiva, tanto en largo como en corto.

Ventajas y Desventajas del sistema 1-2-3-1

  • Es un sistema que intenta buscar la iniciativa en cuanto al juego, teniendo la posesión y dando amplitud a la hora de buscar la progresión.
  • Con cambios de orientación del juego tanto en corto como en largo, intentando contrarrestar el repliegue intensivo y las defensas cerradas de los rivales.
  • Se pueden llevar a cabo buenas transiciones, tanto en ataque como en defensa, ofreciendo seguridad en esta fase.
  • Permite mantener al rival en su propio campo con una defensa bien organizada y una presión tras pérdida efectiva. Los mediocentros ayudan en labores defensivas, realizando cobertura a la línea de tres mediapuntas.
  • Las desventajas que podemos encontrar al utilizar este sistema es que al llevar la iniciativa en el juego mediante la posesión del balón, los jugadores deben tener un gran nivel técnico-táctico y saber interpretar y anticiparse a todo lo que sucede en el juego.
  • El equipo debe estar bien distribuido en todas sus líneas de forma equilibrada, sino puede llevar a una desincronización para las ayudas y distancias entre líneas a la hora de defender.
  • Los laterales tienen un perfil muy marcado, ya que tienen que colaborar de forma activa tanto en la fase ofensiva como la defensiva, con grandes virtudes físicas a explotar.

Estas son algunas de las características a tener en cuenta a la hora de implementar el sistema 1-4-2-3-1 en nuestro equipo. Es cierto que todo sistema tiene que ser flexible y dar la posibilidad de realizar cambios a medida que se vean que son necesarios para la mejora del equipo, siendo uno de los aspectos más importantes del entrenador la de determinar el modelo de juego y la identidad de este, independientemente de modas o resultados que se hayan podido conseguir con unos u otros sistema. La clave consiste en adecuar el sistema a la plantilla de la que se dispone, ya que sabemos que nunca existirán dos iguales.

El jugador creativo, una especie en peligro de extinción

Hace años que los jugadores de fútbol de corta edad no tienen un espacio libre donde poder dedicar horas y horas al juego libre, espontáneo, y podríamos decir que, atendiendo a lo más básico en el reglamento del fútbol, el gol y poco más. 

Esto ha sido producido por el crecimiento de las ciudades, el aglutinar de coches en sus calles y la aparición de otros divertimentos para los jóvenes, más cómodos y sin necesidad de salir de casa, como pueden ser las videoconsolas.

Pero… ¿y qué hacemos con aquellos jugadores a los que sí les gusta el fútbol? 

Pertenecen a este grupo los chicos que acuden cada tarde al campo con su equipo y que participan una y otra vez en entrenamientos automatizados y analíticos a edades muy tempranas, sin permitir que expresen su creatividad y que mucho menos se equivoquen una y otra vez en las tareas que propone el entrenador.

Todas las personas poseen un alto nivel de creatividad desde su nacimiento. Lo único que nos diferencia es la capacidad y la ayuda dentro de nuestro entorno que tengamos para poder desarrollarlo.

Para ello, es necesario que el jugador, en este caso, tenga un gran número de experiencias durante sus primeros años de desarrollo. 

En el momento que el joven comienza a formar parte de métodos de enseñanza con normas estrictas y nulas orientaciones hacia su verdadero potencial, este empieza a obtener un efecto negativo en su creatividad. Se puede decir que empieza a perder su inventiva y espontaneidad.

¿Dónde está la clave para poder volver a desarrollar esa creatividad?

Es necesario que los jóvenes futbolistas vuelvan a sentir esa pasión por el juego. Cuando decimos que un jugador es creativo nos referimos a que tiene capacidad para la creación de algo novedoso. El jugador creativo tiene imaginación, invención y unas capacidades individuales que lo llevan a resolver situaciones con una originalidad extrema.

Partiendo de que estamos hablando de un juego, los entrenadores debemos capacitarnos y encontrar la forma de crear contextos similares a los que existían cuando los chicos y chicas jugaban en la calle, donde se potenciaba el talento creativo y sin restricciones.

Estas tareas deben ser variadas, con condicionamientos que fomenten encontrar respuestas creativas y en espacios de juegos adaptados a la edad de los jugadores, ofreciendo un contexto adecuado en espacio, tamaño, número de jugadores y peso del balón entre otros.

La creatividad no es sólo cuestión del talento, sino que se puede lograr a través de una buena planificación optimizada. Establecer tareas abiertas y menos “cuadriculadas” promueve una situación en la que el entrenador no se encarga de imponerlo todo, dando la posibilidad de nuevas incidencias.

De nada sirve, poner a niños/as de 9 ó 10 años a jugar fútbol 11×11 con una reglamentación y unas exigencias para adultos.

Esto lo único que nos llevaría es a crear jugadores apáticos y pasivo, interviniendo en pocas ocasiones en contacto con el balón. Para ello es conveniente, la utilización de juegos reducidos y  simple, con menos jugadores para que participen un mayor número de veces.

Otro aspecto a mejorar por los entrenadores de jugadores jóvenes y en formación es la manía de corregir constantemente y decir lo que tienen que hacer en forma de mando directo. El jugador tiene que cometer errores y descubrir por si solo cuál es el motivo de lo que ha sucedido en ese momento. De esta forma, desarrolla su inteligencia en el juego, facilitando así su creatividad. El jugador debe aprender a interpretar el juego y de esta forma, ser capaz de encontrar nuevas soluciones a las situaciones que se le plantean. El error es una vía más en el proceso de formación y debemos eliminar ese miedo a la improvisación, dejando que el jugador investigue nuevas soluciones.

Tampoco el jugador debe conocer siempre cuál es el objetivo que se persigue. De esta forma se le permite al jugador “jugar por jugar”, improvisando soluciones que ni siquiera se nos hubieran pasado por la cabeza a los entrenadores. Así, el proceso de aprendizaje es recíproco.

La diversión dentro del juego es una premisa fundamental para poder ser creativo, aquel chico o chica que no se siente cómodo jugando reduce su capacidad creativa y no la sacará de su interior. 

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de entrenar la creatividad es la opción de cambiar las reglas, así obligaremos al jugador a adaptarse a las situaciones que se le plantean. Utilizar espacios reducido de juego y diversas porterías para tener varias soluciones, promueven la creatividad de forma libre.

Usar tareas siempre con balón para que se atrevan a arriesgar, improvisar e inventar sin tener miedo a lo que ocurra, es otra forma de dar confianza y generar ese estado de tranquilidad y confianza a cometer errores e incluso a perder el balón sin que esto sea algo prohibitivo.

Tener dentro de la sesión de entrenamiento un número de minutos a “juego libre” sin establecer demasiadas premisas a los ejercicios, para que el jugador tenga la posibilidad de experimentar con situaciones nuevas que pasen de forma natural.

La conclusión final es que, para que existan más jugadores creativos, debemos empezar a formar entrenadores más creativos, que animen a sus jugadores a pensar en nuevas soluciones o de forma diferente a lo establecido.

Actualmente, solemos ver muchos entrenadores que coartan la libertad de pensamiento y toma de decisiones de los jóvenes jugadores, realizando indicaciones de forma continuada, intentando tenerlo todo bien controlado, indicando al jugador su orientación corporal correcta o su posición en el campo. Esto no ayuda en absoluto al desarrollo del jugador y a pensar por sí mismo en búsqueda de nuevas soluciones.

¡El entrenador no puede pensar por el jugador! Hoy en día se busca el jugador autónomo dentro del colectivo, aquel que es capaz de tomar buenas decisiones pero que sean aparecidas de su interior, y no de estímulos proporcionados del exterior.

Es muy probable que cuando queramos nombrar algún jugador creativo solo se nos vengan unos pocos de ellos a la mente. Esto quiere decir que son estos los que marcan la diferencia en el juego y los que solemos recordar. Entonces, ¿por qué no ponemos parte de nuestra capacidad en intentar desarrollar más jugadores creativos que aumenten esa pequeña lista?¿No tenemos medios para ello?¿O simplemente no es tan fácil como parece? 

Detección de talento en el fútbol

En un mundo tan global y competitivo en el que nos encontramos en estos momentos, y sobre todo en el fútbol, se hace imprescindible tener la capacidad de poder detectar el talento en los jugadores a una temprana edad. Decimos temprana edad, siempre y cuando sea un edad razonable y adecuada para el alto rendimiento.

Antes de comenzar, es imprescindible definir que el talento siempre está basado en un recurso poco común en la sociedad y que, en muchas ocasiones, es desperdiciado por no detectarlo a tiempo o por no darle la oportunidad de desarrollarlo en el momento oportuno.

A pesar de que la mayoría de autores coinciden en que es complicado conseguir una definición exacta de talento, se podría indicar que ésta va en una doble vertiente: la primera va encaminada hacia las capacidades innatas de un individuo, y la otra hacia un resultado final de un proceso de desarrollo.

La detección o identificación de talento pasa por una serie de fases que se pueden recoger en:

  • Una primera fase en la que se identifica las cualidades motoras en general del jugador.
  • Una segunda fase de la cual se capta y se selecciona dentro de una formación deportiva de base en fútbol.
  • Por último se llega la fase de perfeccionamiento, en la que el futbolista llegaría al alto rendimiento.

Es evidente que en el caso de los deportes individuales es fácil tener un criterio de selección del rendimiento, pero para los deportes colectivos es imposible determinar una sola variable, ya que el propio deporte colectivo, como el fútbol, depende de múltiples variables.

En los deportes colectivos, está claro que debemos atender a variables como la toma de decisión, percibir, analizar, ejecutar, la interpretación del juego y sobre todo la creatividad.

Existen multitud de opiniones con respecto al análisis del talento en fútbol, pero podríamos centrarnos en tres capacidades fundamentales: el talento innato, la capacidad del entrenamiento y la adaptación para el alto rendimiento.

Dentro de ese talento innato se pueden incluir principalmente capacidades condicionales, como son la velocidad, la fuerza explosiva y de resistencia, resistencia aeróbica y anaeróbica y la flexibilidad.

Es cierto que existen muchos ejemplos a lo largo de la historia en la que jugadores con un gran talento y alto rendimiento no poseían una tipología ideal, pero que por la potenciación de otros factores han dado un gran rendimiento.

Por supuesto, son muy importantes el control de los aspectos técnicos en fútbol, la capacidad de seguir indicaciones tácticas establecidas y la capacidad de interpretar juego.

Respecto a la capacidad del entrenamiento, es una característica fundamental apoyada por una parte externa como son los técnicos que se harán cargo de los jugadores y en la que podríamos decir que cuanto más horas se emplea dentro de una organización metodológica, mayor será el rendimiento deportivo.

Se puede decir que el último de los puntos es el más complejo, la adaptación al alto rendimiento, en este proceso, muchos jugadores desisten de continuar debido a que es necesario un gran esfuerzo y dedicación de forma continuada.

El jugador en este caso, debe tener una gran fuerza de voluntad, tolerancia al esfuerzo y saber cómo llevar la frustración en el caso que las cosas no salgan bien. También debe tener un gran amor por el juego, porque se le suma la necesidad de resistir a estrictas normas colectivas dentro del equipo, así como soportar condiciones climáticas adversas entre otros muchos condicionantes.

Una vez que se tiene claro cuales son los aspectos a tratar dentro de la captación de talento, se tiene que organizar una estructura de reclutamiento en el club.

Estos son los principales puntos a tener en cuenta:

  1. Establecer un ratio de actuación para la detección de talento alrededor del club. En este punto influirá el numero de asociaciones y clubes que se encuentran en un zona concreta y que puedan ser abarcados por los ojeadores contratados.
  2. Definir una tipología de futbolistas acorde a los valores y características que el club quiere incorporar a su academia o equipo.
  3. Contratar a entrenadores que sean afines a la identidad e idiosincracia que tiene el club, con la finalidad de pensar a largo plazo en cuanto a los jugadores y que estos sean lo más importante en todo momento.
  4. Dentro de las características de los jugadores a captar, es importante la inteligencia táctica que posean, independientemente de las posiciones en las que jueguen.
  5. Predefinir un rango de edades en las que se deben incorporara esos jugadores, y para categorías de jugadores muy jóvenes, implementar un sistema de clubes asociados en los que tengan peso en la metodología de entrenamiento para aconsejar y enseñar a los entrenadores, además de implementar sesiones para el desarrollo de los jugadores.
  6. Poseer un proyecto deportivo a largo plazo, en la que los resultados no sean las evaluaciones sino el crecimiento del jugador, optimizando los entrenamientos a medida que los jugadores lo vayan necesitando.

Podemos llegar a la conclusión de que el talento es parte de una cualidad innata y parte de un trabajo bien desarrollado a partir de unos medios adecuados al individuo. Si esa cualidad no se trabaja para perfeccionarla y potenciarla, el jugador no logrará nunca llegar al alto rendimiento y sacar la mejor versión de si mismo. Con una organización estructurada y bien controlado, los clubes de fútbol de hoy en día pueden adelantarse a sus competidores en la detección de talento. Es evidente que el ojo del observador juega un papel muy importante en este proceso, pero el apoyo en la tecnología adecuada nunca está de más.