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Organización eficaz del trabajo defensivo

Durante el proceso de entrenamiento de la fase defensiva, se suele apelar a aspectos relacionados con la intensidad o la agresividad, es decir, aspectos físicos. Sin embargo, cuando se habla de la fase ofensiva, casi todo está orientado a la inteligencia táctica o conocimiento del juego. No obstante, la realidad va más allá de estos enfoques simplistas, porque para “destruir” de forma eficaz, se necesita la misma inteligencia y conocimiento que para construir.

Este artículo se centra en varios aspectos en los que se podría poner el foco para mejorar el aspecto defensivo de un equipo.

Cuando se llega a un equipo, se debe realizar un análisis previo al primer entrenamiento con el fin de conseguir una mejora en el trabajo defensivo, que se resume en tres pasos:

  1. Hacer una evaluación individual a nivel técnico de los jugadores. De esta forma se conocerán las habilidades de cada uno de ellos y se podrá determinar qué puede aportar y qué debe mejorar cada uno para conseguir realizar un buen trabajo en los partidos.
  2. Análisis colectivo, determinando qué experiencia más reciente han tenido con respecto a sistemas y comportamientos técnicos en los momentos del juego en los que no tienen el balón.
  3. Estudiar qué tipo de relación social tienen entre ellos dentro y fuera del entorno de trabajo. La importancia psicológica y mental, unida a las relaciones interpersonales, puede hacer que el resultado dentro del campo sea excelente.

Una vez hecha la evaluación previa, se continua con la planificación del trabajo a realizar, tomando como base la información recopilada en dicha evaluación. La planificación será la hoja de ruta, y permitirá avanzar hacia el objetivo con paso firme y sin desviarse del camino, aplicando siempre la coherencia y el sentido común.

Los aspectos principales a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo una buena planificación del trabajo defensivo, son los siguientes:

  1. La dinámica de juego, en la que se hace referencia al ataque, defensa, transiciones y acciones a balón parado. Otras corrientes de enseñanza definen esta dinámica con nombres diferentes, pero igualmente válidos. Simplemente se tiene que saber a qué se hace referencia.
  2. Delimitar las tres zonas del campo, de tal forma que el jugador sepa qué comportamientos debe desarrollar en cada parte del terreno de juego en relación con el área donde se encuentra el balón. Se pueden denominar zona 1, zona 2 o zona 3 o bien zona de inicio, zona de creación y zona de finalización. Otra división a realizar son los carriles que dividen el terreno de juego de forma longitudinal, pudiendo hacerse en 3, 4 ó 5 carriles, dependiendo de las preferencias del técnico.

Con todos estos elementos se empieza a definir el modelo de juego, introduciendo los principios generales, los propios y los circunstanciales. Se puede decir, de un modo coloquial, que el modelo de juego es una guía en la que sustentar el trabajo diario y una referencia para la creación de sesiones de entrenamiento, la posterior evaluación de estas, el trabajo de análisis del rival y otros muchos aspectos dentro de la labor como entrenador.

Centrándonos en el tema que ocupa este artículo, la organización del trabajo defensivo. Para empezar a planificar con el modelo de juego, se debe tener definido qué, cómo y cuáles son los medios técnico-tácticos defensivos que se quieren enseñar y trabajar con los jugadores.

Niveles de planificación

En este aspecto, se atiende a tres niveles de enseñanza denominados niveles micro, meso y macro, para una buena estructuración del contenido. Estos niveles, como su propio nombre indica, van de lo más particular a lo más general:

  1. Nivel micro: se centrará en los medios técnico-tácticos individuales defensivos generales que todo entrenador debe conocer, como son acoso, interceptación, anticipación, etc. Estos medios deben conocerse por los jugadores al detalle, porque el juego, en la mayoría de los casos, se reduce a situaciones de 1×1. Este tema se profundizará en posteriores artículos.
  2. Nivel meso: se incluye el trabajo defensivo por líneas, haciendo hincapié en los principios establecidos en el modelo de juego en los momentos sin balón.
  3. Nivel macro: en este ámbito se hará referencia a las situaciones defensivas que se producen a nivel colectivo y a cuál va a ser el comportamiento del equipo en estas situaciones de partido.

Con los niveles definidos correctamente, se comienza a realizar la planificación. Los conceptos tácticos defensivos son más sencillos de comprender y asimilar que los ofensivos, ya que los jugadores tienen que estar menos pendientes del objetivo móvil del juego: el balón.

En el gráfico expuesto a continuación, hay un ejemplo de pretemporada con 6 semanas de trabajo previas al primer partido de competición y en la que, atendiendo a la dinámica de juego, se observa como en las dos primeras semanas se hace hincapié en trabajar la fase defensiva, incluyendo los conceptos micro, meso y macro que hemos comentado anteriormente. 

Los microciclos a los que se hace referencia, se estructuran con el objetivo de enseñar al jugador a cómo actuar cuando ejecuta las acciones defensivas, tanto a nivel individual como colectivo, para que pueda interiorizar esos comportamientos, convirtiéndolos en hábitos. Las sesiones de entrenamiento estarán compuestas por, desde tareas de nivel micro, repeticiones analíticas en espacios reducidos simulando situaciones reales, hasta tareas macro más abiertas y mucho más cercanas a la realidad del juego.

Por último, explicamos qué tareas se incluyen en cada uno de los ámbitos de entrenamiento nombrados anteriormente para conseguir los resultados deseados. En el apartado micro, se suelen utilizar tareas más analíticas y repetitivas, que simulen la casuística que se pretenda mejorar, poniendo el foco en los detalles y proporcionando al jugador las herramientas necesarias para que las tenga presentes e interiorizadas en el momento que se les presente la oportunidad de ponerla en práctica durante los partidos. Para ello, se debe ofrecer un feedback acorde al jugador y a su personalidad.

En el apartado meso, tanto los espacios como el número de jugadores son mayores y, aunque pueden partir de un inicio más analítico de la tarea, irá progresando hacia algo más global a medida que vemos que se van interiorizando los conocimientos.

Finalmente, en el ámbito macro, se establecen tareas en grandes espacios y, aunque empiecen de una forma reducida, llegaremos a un estado de normalidad cercano a un 11×11.

Como conclusión, se puede decir que es importante tener un modelo de juego bien estructurado y, dentro de éste, centrándose en los principios defensivos a lo que se refiere este artículo, se debe trabajar de lo simple a lo complejo (micro, meso y macro) para tratar de obtener los mejores resultados. Así mismo, las evaluaciones anteriores y posteriores, nos permitirán saber cómo de efectivo está resultando el trabajo.

En próximos artículos se profundizará más en el trabajo de línea de 4, aportando principios y tareas específicas. ¡Hasta la próxima!