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La habilidad del regate

22 de Junio de 1986, corría una calurosa tarde en Mexico. Nada más ni nada menos que en el mítico Estadio Azteca y ante más de 114.000 personas, cuando se celebraba un partido de cuartos de final de aquella Copa del Mundo entre Argentina e Inglaterra.

Fue en el minuto 55 cuando Diego Armando Maradona recibe un pase de “El negro” Enrique en su propio campo, pisa el balón y consigue irse de dos jugadores ingleses que intentaban marcarlo. Fue entonces, cuando arranca por la derecha una carrera endiablada hacia el área rival, librándose de todos los contrarios que le salen al paso, en total cinco: Hoddle, Reid, Butcher, Sansom y Fenwick, quedando atónitos en el terreno de juego ante la imposibilidad de robarle el balón, agarrarlo o frenarlo. Cuando estuvo solo ante el portero Shilton, que intentó tapar con su presencia toda la portería, volvió a amagar para superarlo, tocó el balón y terminó tirándolo a portería para anotar gol.

Así se gestó el que a día de hoy se conoce como el gol del siglo XX, una obra maestra al alcance de muy pocos, donde queda patente las habilidades del regate en un jugador de fútbol.

Hoy en día, en el fútbol actual, la mayoría de los entrenadores dan más importancia a la táctica, situando esta por encima de la técnica. Cada vez más, se dejan menos cosas al azar y casi todo está programado, estudiado y trabajado. En el fútbol, como juego de equipo, debe predominar lo colectivo sobre lo individual, pero eso no quita que, la suma de individualidades, puestas al servicio del grupo y dandole un buen uso, pueda incluso mejorar el juego de equipo en un partido.

Para muchos, el regate tiene una mala reputación. Va ligada al egoísmo en el futbolista, con un juego individualista, lejos del juego colectivo, con la finalidad de un lucimiento personal, de querer agradar al espectador por encima de todo. Para otros, sin embargo, es un síntoma de genialidad.

En los tiempos actuales, es difícil ver que algunos entrenadores formadores permitan a algún jugador regatear una y otra vez en vez de pasarla. La pregunta que siempre se suele hacer es: ¿es bueno que se coarte esa iniciativa para que pase el balón en vez de regatear al rival? La respuesta es NO, ya que todo lo que sea limitar cualquier habilidad es una equivocación.

Caso diferente será la idoneidad o no de la ejecución. La correcta o no utilización del regate irá ligada al momento o situación en la que se lleve a cabo dicha acción.

El fútbol necesita del regate, tanto para el espectáculo, como para que los equipos ganen partidos. Además, si desde pequeño se le impide hacerlo, se le cortará la iniciativa, la libertad a la hora de tomar decisiones, ya que el regate es talento, inspiración, picardía y convertiremos a esos jugadores “distintos”, en jugadores pasadores, que no sabrán resolver muchas situaciones si no reciben ordenes de sus entrenadores. Desgraciadamente, no solo ocurre en la etapa formativa, también existen entrenadores en la élite que no quieren que los jugadores regateen, provocando limitaciones a grandes futbolistas . Aún así, hay un dato curioso y significativo a la vez, los fichajes más caros de la historia, han sido y siguen siendo, jugadores regateadores, jugadores chupones, jugadores que marcan la diferencia y son capaces de resolver situaciones con el balón, que la mayoría no saben, jugadores que gracias a una genialidad, una finta, una bicicleta, un auto pase, un regate, al final son capaces de ganar un partido. 

¿SE NACE O SE HACE EL REGATEADOR?

Desde el punto de vista del estudio, el regate ha generado mucha controversia a la hora de investigar acerca de su desarrollo. Aparecen estas dos corrientes: 

  • el regate es una habilidad innata que proviene del propio talento del jugador y que no hace falta entrenarlo, ya que surge casi de manera espontánea de la cabeza del futbolista ante ciertas situaciones en el terreno de juego, bien casi sin saber el porqué, o bien basándose en la experiencia de otras situaciones similares.
  • el regate es una acción técnica individual de un jugador y que por lo tanto, debe ser entrenada desde la etapa formativa.

El fútbol se desarrolla en la mente y se lleva a cabo con los pies. El regate es un claro ejemplo de  inteligencia, de saber leer las jugadas. 

CLASIFICACIÓN DEL REGATE

Se habla de dos tipos de regates. El regate simple, también llamado regate clásico. Es aquel que se lleva a cabo con un solo toque, moviendo el pie para controlar el balón y saliendo por la derecha o izquierda, eludiendo al contrario con un cambio de dirección y sin fintas.

Por otro lado, el regate compuesto, que se ejecuta encadenando más de una acción. Normalmente, con fintas al principio y una sucesión de toques.

Para que un regate sea exitoso, debe reunir las siguientes características:

  • existir un factor sorpresa, es decir, que el oponente directo no espere lo que va a hacer;
  • el jugador debe tener confianza en sus habilidades creativas, porque sin confianza, lo normal es que pierda la posesión;
  • realizar cambios de ritmos, dirección y/o fintas constantemente durante la acción para engañar a su marcador, sobre todo, en la fase inicial del regate.

Por otro lado, el jugador que lo ejecuta debe controlar una serie de aspectos que posibilitarán que dichas acciones sean exitosas:

  • dominar el cuerpo, estando siempre en equilibrio;
  • observar con atención y percibir la reacción del jugador que defiende dicha acción;
  • tener un buen toque de balón, que le permita dominarlo en todo momento;
  • tener una buena visión de juego;
  • saber orientarse en base al balón, defensor y portería;
  • tener una buena velocidad de ejecución, ya que cuanto más rápido, mayor porcentaje de éxito.

CÓMO ENTRENAR EL REGATE

En Level Up, consideramos que el regate y el resto de habilidades técnicas individuales ha de entrenarse con frecuencia, ya que, si bien un planteamiento táctico da consistencia a lo largo de una temporada, las habilidades técnicas son capaces de desequilibrar un partido. Obviamente, ciertas características innatas de los jugadores darán a este posibilidad de alcanzar niveles de ejecución más altos.

Lo ideal es hacerlo desde muy temprana edad y en base a una serie de factores que detallamos a continuación.

  • Relación del jugador con su propio cuerpo: desarrollando sus habilidades motrices básicas como los giros, los saltos, los desplazamientos.
  • Relación del jugador con el balón: mediante el aprendizaje de las necesidades motrices específicas como la conducción, el control,…
  • Perfeccionando la relación con el balón: consolidando la segunda etapa, pero esta vez, introduciendo procesos perceptivos – decisionales con la presencia del oponente.
  • Relación jugador, balón y contexto de juego simple: incluyendo elementos de colaboración-oposición.
  • Relación jugador, balón y contexto de juego complejo: teniendo en cuenta la velocidad de ejecución, la precisión y la velocidad cognitiva hasta llegar a una situación real de juego.

La ilusión más grande de un jugador es meter un gol. Pero regatear… cuando consigo hacer un regate y luego meto un gol, para mí es alcanzar la gloria”. Robinho

“Pelé me pedía ser humilde, respetar a los compañeros y rivales, trabajar con orgullo. Sobre el césped nos decía que en el centro del campo jugáramos a uno o dos toques como máximo, pero que cerca del área o dentro de ella, nos dejáramos llevar y que hiciéramos lo que nos diera la gana, bicicletas, ruletas, fintas… lo que viésemos oportuno”. Robinho